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...el sueño de un sol y de un mary una vida peligrosacambiando lo amargo por miely la gris ciudad por rosaste hace bientanto como hace malte hace odiartanto como querery máscambiaste de tiempo y de amory de música y de ideascambiaste de sexo y de Diosde color y de fronteras...
Es importante hacerlo
quiero que me relates
tu último optimismo
yo te ofrezco mi última
confianza
aunque sea un trueque
mínimo
debemos cotejarnos
estás sola
estoy solo
por algo somos prójimos
la soledad también
puede ser
una llama.
- Mario Benedetti, "Puentes levadizos".
XVII
Resuelve la cuestión de cuál sea pesar más molesto en encontradas correspondencias: amar o aborrecer
Que no me quiera Fabio al verse amado
es dolor sin igual, en mi sentido;
mas que me quiera Silvio aborrecido
es menor mal, mas no menor enfado.
¿Qué sufrimiento no estará cansado,
si siempre le resuenan al oído,
tras la vana arrogancia de un querido,
el cansado gemir de un desdeñado?
Si de Silvio me cansa el rendimiento,
a Fabio canso con estar rendida:
si de éste busco el agradecimiento,
a mí me busca el otro agradecida:
por activa y pasiva es mi tormento,
pues padezco en querer y ser querida.
XVIII
Prosigue el mismo asunto y determina que prevalezca
la razón contra el gusto
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor hallo diamante;
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato a quien me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo:
si ruego aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo por mejor partido escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.
XIX
Continúa el asunto y aun le expresa con más viva elegancia
Feliciano me adora y le aborrezco;
Lisardo me aborrece y yo le adoro;
por quien no me apetece ingrato, lloro,
y al que me llora tierno, no apetezco:
a quien más me desdora, el alma ofrezco;
a quien me ofrece victimas, desdoro;
desprecio al que enriquece mi decoro
y al que le hace desprecios enriquezco;
si con mi ofensa al uno reconvengo,
me reconviene el otro a mí ofendido
y al padecer de todos modos vengo;
pues ambos atormentan mi sentido:
aquéste con pedir lo que no tengo
y aquél con no tener lo que le pido.
- Sor Juana Inés de la Cruz.
¿Estamos condenadxs a una cadena de amores sin sentido? ¿Mirar al/la que nos nos mira, ser miradxs por el/la que ignoramos? ¿Destinadxs al conformismo de bajar la mirada?
Yo, por lo pronto, rompo con mi propia tradición. Dejaré de mirar a los ojos ciegos. Dejaré que me miren. Dejaré que me descubran.
Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos,
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
* Unos quinientos años antes de la Era Cristiana, alguien escribió: “Chuang-Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser hombre.”
- Jorge Luis Borges, “Historia de la noche”.
A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.
Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar.
Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.
¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas!
Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa “tirar el carro”?...
Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo.
Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores.
Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas.
¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos.... y de los camaleones!...
¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los de las madreselvas?
Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo sexo.
Cuando la vida es demasiado humana —¡únicamente humana!— el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra?
Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.
- Oliverio Girondo
Si hubieras sabido entender mis alas, ver mi necesidad de volar. Si hubieras tratado, como yo traté con vos, de entenderme. Si me hubieras gritado que no me fuera, que no nos dejara, que no abandonara lo nuestro.
Si hubieras sabido ver que siempre fui energía, que siempre fui una buscadora, que siempre fui un ave fénix, que era una diferente cada día, que el estatismo siempre me cortó las alas, y que iba a escapar de cualquier tipo de estatismo de la forma en que pudiera. Incluso alejándome de vos.
¿Qué esfuerzo hiciste por conocerme? ¿Sabías qué era lo que me hacía más feliz? Yo sabía qué querías, qué necesitabas, sabía que pasar tiempo conmigo, delirar juntos, que te acompañara con tus amigos, era lo que necesitabas. Desde el primer segundo me faltó el aire cada vez que te miraba. Eras lo más dulce que la vida me había regalado. Pero me diste lo que vos creíste que necesitaba. No sé si alguna vez te pasó por la cabeza preguntarte si lo que me estabas dando era lo que yo necesitaba. ¿Entendiste mi vuelo alguna vez? ¿Entendiste qué clase de mujer tenías al lado? ¿Entendiste que mi libertad nunca tuvo límites? ¿Que mi vuelo no se iba a detener nunca, que haberte encontrado no era el final de mi camino? ¿Entendiste que mi amor siempre fue una invitación a volar, juntos? ¿Que nunca te invité a quedarnos en el estatismo de un amor de banco de plaza? ¿Que era el vuelo sin límites lo que te daba mi amor?
Si lo entendiste, bonito, ¿qué te pasó? Porque me soltaste la mano en cuanto yo dejé de laburar hasta mi último aliento para que nuestras paranoias personales, tus inseguridades y mi necesidad de amor, no fueran más fuertes que nosotros. Siempre le aposté a nuestro amor. No importa lo que me digan del amor, cuántas teorías liberales me ofrezcan, yo sé lo que elegí cuando estuviste conmigo. Te elegí, elegí nuestro amor. Elegí que durara lo que la vida nos regalara. Pero elijo creer que el amor no se hace solo. Las personas somos difíciles de llevar. Las relaciones más exitosas que he tenido (mis amigaos del alma, mis hermanaos de elección) son las personas que trato de conocer y aprender a llevar cada día de mi vida. Porque laos amo me intereso por saber qué necesitan, por saber cómo coordinar nuestras formas de ser. Pienso que el amor también es así. Se ama, pero si se espera que dos personas funcionen perfectamente sin dedicarle tiempo a conocer al/a la otroa, siempre vamos a sentirnos defraudadaos.
Y cuando yo necesité volar y seguir creciendo como persona y no centrar todos mis esfuerzos en coordinar nuestras necesidades, no supiste o no quisiste tomar la posta. Me fuiste soltando de a poco, en vez de ponerte las alas y acompañarme a volar. ¿Por qué pensaste que iba a elegir quedarme en tierra? ¿Es que no viste lo que todaos ven? Todaos entienden que el motor de mi vida es la libertad, la rebelión, que si no estoy prendiendo fuego mi alma y alterando el mundo, no soy yo. ¿Esperabas que eligiera renunciar a todo? ¿O no supiste cómo coordinar mi fuego con tu vida?
Yo te grité, te esperé, te hablé, te planteé todo lo que me pasaba por adentro cuando fuiste vos el que estabas lejos. No confiaste en mí por milagro, ¿nunca lo entendiste? Confiaste en mí porque te di todo de mí para que te sintieras seguro al lado mío, seguro para ser vos, para volar. Te amaba por lo que vos eras, porque creía que querías volar, y compartir tu vuelo conmigo. ¿Qué les pasó a tus alas? ¿Adónde te las dejaste en el último tiempo?
Di todo de mí. Y lo que recibo ahora es tu sonrisa irónica. Si alguna vez me conociste, deberías entender que no es tu sonrisa la que me lastima. Me lastima pensar que puedas ser así. Me lastima pensar que no te conocí. O que no te conocés.
Yo sigo volando, ¿no me ves? Pero no te veo por estas alturas. Hayas elegido lo que hayas elegido, deberías entender que te deseo amor y felicidad. Deberías entender que podrías haber seguido viviendo nuestro amor con solamente quererlo. Todo lo que tenías que hacer era decirlo en cualquier punto desde el momento en que viste que empezaba a levantar vuelo. But you got it all wrong, baby. Creíste que te quería dejar a vos, cuando lo que yo quería era crecer, evolucionar, dejar atrás una yo vieja, una piel vieja. Entre cada yo nueva tengo mis etapas de letargo, de incubación. Pero no hiciste el esfuerzo de conocerme y entender cómo soy. Yo te invitaba a acompañarme en el cambio, a no atarme a ser todos los días lo mismo, a hacer todos los días lo mismo. Te invitaba a prender fuego mi vida, no a darle una calma estática. Te habría invitado a amar a la yo nueva cuando naciera, a crecer conmigo y acompañarme en mi descubrimiento. Una vez me dijiste que me amabas porque era distinta, porque nunca pude ser como las demás personas. ¿Fue más cómodo dejarme ir al final? You bit off more than you could chew, quizás?
La yo nueva nació. Todaos me dicen que brillo como nunca. Que estoy hermosa y que transpiro y contagio alegría y felicidad. Laburo como nunca para prenderme fuego y para alterar al mundo. Amo esta nueva metamorfosis, este nuevo fénix. No te voy a decir que no me duele que no te hayas quedado a esperarlo. Pero puedo volar sin vos.
Como sea, no nos quedan ni las cenizas. Se las di al viento, como buena hechicera. Siempre voy a ser Dido. Nunca esperes de mí una Lavinia. Nunca esperes de mí la comodidad de la mujer que te espera todos los días en el mismo lugar, la misma mujer.
Buena suerte, y hasta luego, viejo amor.